Salvar al soldado Ryan además de ser una excelente película bélica ha sido fuente de inspiración para diversas reflexiones orientadas al mundo de la empresa y del management. Yo mismo he usado algunas de sus escenas para mis clases o para las cosas que escribo en este blog y en algún otro lugar.

Una de las interesantes enseñanzas, al menos a mi juicio, de la que se suele hablar poco y derivada de esta película, es la que hace referencia al coste que implica que una gran organización se involucre en una operación con un contenido “personal” o “particular” por usar una expresión que todos podamos entender. En el caso que nos ocupa, una gran organización -el ejército- toma la decisión de enviar a un grupo de soldados a buscar a otro por las circunstancias que la película nos presenta (tres hermanos suyos han fallecido en otros escenarios bélicos). El modo en el que se nos presenta esta decisión es profundamente humano y amparado en la lectura de la conmovedora carta que Lincoln había enviado a una madre muchos años atrás durante la guerra civil americana. Y las razones para tomar esa decisión no son estratégicas, no creo que tampoco sean tácticas ni que ayuden a ganar la guerra. Insisto, son profundamente humanas y ganan nuestra simpatía de manera inmediata.

La realidad es que el resultado final siendo también conmovedor, ha tenido un coste en vidas humanas demasiado elevado. Es el momento de hacerse una pregunta ¿era racional esa decisión?, ¿ha tenido sentido?  Tal es así, que el personaje que interpreta Tom Hanks le dirá antes de morir al soldado Ryan, en una escena llena de significados, que “se haga merecedor, que se lo gane”. El sacrificio para conseguir su salvación ha sido muy elevado.

Esta experiencia narrada en formato de película, plantea, a mi juicio, si una organización debe involucrarse en asuntos particulares, en buscar soluciones a situaciones personales y el modo en el que ha de hacerlo.  Y esto me parece interesante porque detecto desde muchos lugares un creciente movimiento en virtud del cual las organizaciones han de estar cada vez más involucradas y volcadas en las situaciones particulares y personales de quienes forman parte de ellas. Por ejemplo, en el tema de la felicidad que a mí me parece que es algo enormemente personal.

Y creo sinceramente que nada de esto tiene que ver con la gestión de las personas, que ha de tender a ser cada día más personalizada, ni con empresas más humanizadas y en las que las personas sean de verdad el centro y no la periferia.

Yo creo que es algo diferente. No se, a lo mejor es cosa mía que me estoy volviendo mayor.  Ahí lo dejo.

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