En estos tiempos en los que tanto se habla de la diversidad en las organizaciones, de lo que aporta, de la riqueza que eso supone (aunque esa diversidad poco se aprecia en la contratación de mayores de 45 años) viene bien mirar hacia atrás y observar lo que un personaje como Pablo de Tarso (San Pablo) escribía en aquellos años del primer siglo después de Cristo.

Hablaba y escribía Pablo a propósito de la primitiva Iglesia, probablemente la primera organización propiamente dicha que ha existido, con las siguientes reflexiones:

  • Que siendo muchos eran un solo cuerpo.
  • Y aun siendo muchos, y cada uno poseedor de dones diferentes, debían estar unos al servicio de otros.
  • La necesidad de ser cariñosos y capaces de estimar a los otros más que a uno mismo.
  • Teniendo igualdad de trato los unos para con los otros.
  • La importancia de no tener grandes pretensiones sino el ponerse al nivel de la gente humilde.

 

Es decir, colaboración, servicio, apoyo, respeto, aprecio, igualdad, etc. cosas que ya nos gustaría poder disfrutar, aunque solo fuese un poquito, en la casi totalidad de las organizaciones de hoy en día.

Lecciones muy valiosas de un tipo que vivió y escribió hace ya muchos años pero que nos siguen diciendo que no hemos inventado nada nuevo y que incluso en aquella época era capaz de explicarlo todo con mucha más claridad y sin tanto lenguaje pomposo.

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