La semana pasada decidí ir a ver una película que ha estado rodeada de cierta polémica, tanto en su génesis como en su distribución.

Me refiero a Sound of Freedom. Dirigida por Alejandro Monteverde, protagonizada por Jim Caviezel en el papel principal y producida por Eduardo Verástegui.

Personalmente diré que la película me ha encantado y ha dejado huella en mí. No me voy a extender acerca de la polémica en torno a la misma porqué es algo que no me interesa. Me limitaré a señalar dos cosas que se dicen la película, sin que con ello la destripe, y que a mi juicio resumen muy bien el contenido de ésta y las posibles/seguras razones para verla.

En una de las primeras escenas de la película se ve a dos policías que han conseguido detener a un pedófilo y para ello han tenido que ver imágenes de pornografía infantil. Algo que imagino para cualquier mente y corazón limpio ha de ser demoledor. Hablando entre ellos, uno le pregunta al otro respecto a cuántos pedófilos había detenido a lo largo de su carrera. La respuesta que su compañero le da es que ha sido un número superior a 200.

De nuevo, le pregunta ¿Y cuántos niños de los que aparecen en las escenas has conseguido rescatar? La respuesta en este caso es el silencio.

La segunda razón se manifiesta en otra escena y con una frase muy sencilla “los niños de Dios no están en venta”.

De esas dos realidades va esa película. No creo que tenga que decir nada más.

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