Uno de los efectos de esta pandemia sobre todos nosotros es como hemos tenido que organizarnos (mejor o peor) para muchas de las actividades de nuestra vida cotidiana. Una de ellas es hacer la compra. Y hacer la compra puede tener un matiz un poco especial si vives en un barrio de clase trabajadora en el que los supermercados no son grandes superficies comerciales sino locales de tamaño medio. Es el caso del Ahorramás de mi barrio.
El otro día, y tras finalizar mi compra, era obligado someterse al sistema que esta cadena había previsto para este supermercado: una única fila que al llegar a las diversas cajas se distribuía entre ellas. En un espacio no demasiado grande es de imaginar que esa fila acaba infiltrando los pasillos de la tienda y ese fue el caso. Cuando ya estaba pagando escuché a una clienta reclamar la intervención del encargado de la tienda para que hiciera algo con la fila que se extendía cual serpiente por los pasillos y entre los lineales de la tienda, obligando a los clientes que aún estaban realizando su compra a pasar pegados a los que esperaban para pagar y generando así una distancia de seguridad ridícula entre las personas. La clienta pedía que hiciese algo porque según ella de esa manera “contagiarse era casi inevitable”.
La respuesta del encargado fue la siguiente: “mientras a mí no me indiquen lo contrario ese es el sistema de distribución en la tienda y él no lo puede cambiar”
Ante esta respuesta me surgieron varias preguntas:
Esas normas ¿son inamovibles y de obligado cumplimiento para un encargado hasta el punto de no poder hacer cambios sobre la marcha si se vieran necesarios y en función de una situación puntual? ¿Tan limitado y constreñido está? ¿Le habrían dicho algo (negativo) en la empresa si hubiese decidido hacer un cambio, aunque fuese para corregir una situación puntual?
¿Podría haber hecho algo, pero no le da el intelecto para más? Si así fuera, ¿cómo ha llegado a encargado?
¿Podía haber hecho algo, pero menudo lío ponerse a organizar a la gente ahora? Su respuesta fue una excusa para escaquearse. De nuevo me pregunto ¿cómo ha llegado a encargado?
¿Tratándose de una tienda mediana debería de haber hecho un control más estricto del aforo? Si esto es responsabilidad del encargado y no lo ha hecho es por: ¿no le da el intelecto?, ¿tiene tantas tareas que no puede atender a todas sus responsabilidades correctamente?, ¿le falta personal para una adecuada gestión de la tienda y atención al cliente?
Desconozco la respuesta exacta, pero reconozco que me fui de la tienda con un mal sabor de boca. Algo no se está haciendo bien cuando se viven esas situaciones. Y todo ello, en perjuicio del cliente que se supone que tiene su «importancia».
Una vez más, constato que la diferencia la marca la persona, aunque una organización clara, eficaz y flexible ayuda mucho. Y no olviden que es esa persona quien va a cuidar del cliente.
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