En el libro El Arte y la ciencia de no hacer nada, Andrew Smart escribe y cito literalmente “La habilidad para pensar sobre nosotros mismos es una capacidad humana que ninguna otra especie puede llevar a cabo. Requiere de una gran corteza prefrontal y la capacidad de metacognición. Si se deja que esta habilidad se atrofie de forma individual, tendrá consecuencias socialmente negativas”
Smart defiende que vivimos cada día más hiperconectados, completamente ocupados y atravesados por constantes mensajes y por diferentes canales. Y según él, eso tiene efectos desactivadores de la red neuronal por defecto.
Según él cuando la mente “vaga”, cuando no hace nada, cuando reposa en libertad es cuando se activan la introspección, el autoconocimiento y la creatividad.
Y recuerdo como Gary Hamel al hablar de la innovación y la creatividad en el management afirmaba que una de sus mayores barreras es que en la gran mayoría de las organizaciones se ve como un acto hostil eso de los “períodos de baja actividad”.
Asimismo, y si la memoria no me falla, la compañía Telefónica anunció hace unos años a bombo y platillo que dejaría una tarde a la semana libre 10 Fridays lo llamó (diez viernes al año) para que determinados profesionales desconectaran y de ese modo mejorase la creatividad. No se qué habrá sido de todo aquello, si aún perdura o fue tan solo flor de una determinada época.
Pero volvamos con Andrew Smart. Afirma también que al eliminar de nuestra vida ese tiempo de no hacer nada reducimos la actividad prefrontal y nos acabamos convirtiendo en seres puramente reactivos. Y eso es un mal asunto.
Y señala que quizás estemos perdiendo algo que diferencia plenamente a los seres humanos del resto de animales: nuestra capacidad de reflexionar sobre nosotros mismos. Y eso nos vuelve, por un lado, cada vez más cercanos a los animales que solo reaccionan a los estímulos de su entorno y, por otro, a las máquinas que tan solo obedecen ordenes externas. Aunque quizás aquí, y esto es cosecha propia, hemos dado un cierto salto y ahora también obedecemos a los que nos dice una IA (una máquina) a la que tantas cosas le preguntamos, incluso como cortar una relación afectiva.
Leer todas estas reflexiones de Andrew Smart me hicieron recordar una frase que leí de Frank Lloyd Wright un famoso arquitecto norteamericano fallecido en 1959, “si esto sigue así, el hombre atrofiará todos sus miembros, salvo el dedo de apretar botones”. Y puede que algo de eso ya esté pasando.
Reflexionar sobre nosotros mismos puede generar pereza y hasta agobio, pero lo necesitamos como “agua de mayo” y, especialmente los más jóvenes de cara a afrontar la vida que quieran construir. Y sospecho que pese a tanta tecnología una vida nunca se construirá apretando un botón, sino dedicándole tiempo, aunque nos pueda parecer tiempo perdido.
¿Qué queremos que sea el ser humano? A mi me parece que esa es una pregunta pertinente y a la que el resplandor de todo lo que suena a tecnología, hiperconexión y estar muy ocupado impide muchas veces una pausada reflexión en torno a la misma.
Y si, necesitamos parar no solo para no hacer nada (y sabemos que eso es beneficioso) sino también para echarle una pensada a cómo usamos la tecnología no vaya a ser que ese resplandor se acabe convirtiendo en una sombra tenebrosa.
Magnifica reflexión que incita a pensar un rato.
Muchas gracias Mariano. Un abrazo.