De la reciente final del campeonato mundial de futbol, ha habido un momento que a mí me ha parecido especialmente llamativo. Creo que no se puede ver durante la retransmisión en directo, sino posteriormente en los diferentes pequeños vídeos que sobre el partido han ido apareciendo.
Creo que es en el intermedio de la prórroga. Ha habido una jugada de Nico Williams en la que se le escapa el balón por un pequeño lío que el mismo se hace con sus pies ya dentro del área de Argentina. En esa pausa, Cucurella se acerca y le “vacila” a propósito de esa jugada y le llega a decir que se le ha salido la cadena de la bici, que la jugada parecía sacada del FIFA 2010. En fin, que no deja de sorprenderme el modo en que abordan una pérdida de balón que pudo tener su trascendencia. No hay regañina, no hay nada de malestar. Lo segundo es la tranquilidad con la que abordan la situación y hasta la broma que gastan entre ellos junto con otros compañeros.
La pregunta que me hago es como se consigue que unos chavales jóvenes, jugando un partido tan trascendente y de tanta importancia sean capaces de estar aparentemente tranquilos y serenos a pocos minutos de que finalice el encuentro, bromear en esos momentos sobre la jugada y no reprocharse nada sino comentar lo que se podría haber hecho.
A mi sinceramente no me parece que sea lo habitual en momentos de tensión en casi ningún ámbito. O puede que algunos expertos en la materia digan que sí.
Esa capacidad de mantener la calma, el humor y el no-juicio en momentos de máxima presión no es casualidad. Al igual que se entrena el cuerpo para el deporte hemos de aprender a entrenar nuestra mente y nuestro corazón, cultivando ese espacio interior donde crece la confianza, la serenidad y la colaboración.
No es fácil, pero esos jóvenes en pantalón corto nos demuestran que es posible.
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