Repasaba días atrás una entrevista del año 2023 a Carl Honoré, autor del libro “Elogio de la lentitud” y padre de eso que se ha denominado movimiento slow.
Un título provocador para este mundo lleno de prisas y de urgencias en donde, casi todo, es para ayer.
Y me he quedado con algunas ideas interesantes de la entrevista, al margen de la promesa que me he hecho de leer su libro estas Navidades.
Habla Honoré de la rapidez como una especie de virus que se nos ha metido en nuestro interior a todos y que avanza de forma frenética, deteriorando nuestra calidad de vida y nuestro bienestar.
Nos impacta, por ejemplo, en nuestras relaciones con los demás cuando nos priva de un “tiempo genuino” para las mismas.
Para Honoré, la prisa no garantiza un buen trabajo. Al contrario, considera que trabajar más despacio tiene beneficios claros:
- Mejora la calidad de lo que hacemos.
- Fomenta la creatividad.
- Nos permite estar enfocados de verdad en la tarea que asumimos.
Levantar el pie del acelerador nos permitiría reconectar con la vida y recuperar equilibrio y armonía.
Concluía la entrevista Honoré afirmando la necesidad de un cambio cultural en cada uno de nosotros. Vivir menos acelerados exige un cambio profundo en nuestras actitudes y prioridades.
Sospecho que ese cambio, en absoluto, nos va a resultar sencillo.
Vivimos unos tiempos en los que todo se ha convertido en «vivir experiencias» y, como “no” tenemos tiempo, esas experiencias han de ser rápidas e intensas.
Y aquí no puedo evitar acordarme de aquel monólogo del humorista Gila cuando decía “que había recorrido 19 países en 11 días y que a la señora que quería hacer pipí le dijeron que ya en Holanda, señora”.
La cosa se ha complicado tanto que hasta hemos convertido el tiempo libre en algo que ha de ser productivo. Y si casi todo es así, ¿cómo no vamos a vivir acelerados?
Nos han metido en la cabeza aquello de que hay que «exprimir la vida», cuando quizá la vida solo hay que vivirla.
En El Señor de los Anillos, Gandalf afirmaba que “todo lo que podemos decidir es qué hacer con el tiempo que nos dieron”.
Es una buena pregunta, que debería hacernos pensar en cómo estamos viviendo nuestra vida y si eso es lo que hemos elegido libremente.
Te hace reflexionar sin duda.
Gracias por compartir
Cada día que pasa me doy más cuenta de la importancia de dedicar tiempo a ver el «velocímetro» de mi vida mientras estoy «conduciéndola». Es una recomendación que cada vez que puedo se la hago a quien quiere escucharme porque no está tan apurado como para pasar desapercibida la misma.
Considero que una vida Bien Vivida pasa por el hecho de disfrutarla como se degusta un buen vino… Por ello, no me imagino un «shot» de vino costoso. Me imagino, en cambio, un proceso de degustación pausada, recorriendo cada paso del proceso con calma.
Agradezco tu reflexión, estimado Emilio. Estoy seguro de que muchos que la lean, seguramente se preguntarán: Es verdad, ¿por que tanta prisa? ¿a quien estoy satisfaciendo haciendo todo como si fuera «para ayer», ¿qué quiero demostrar?
Saludos
Muy bueno Emilio!!!!!!!!
Es la pura realidad en estos días. Al leerlo me ha hecho pensar y reflexionar que hay que cambiar y bajar la velocidad en la vida para el bien de uno mismo sin duda y para el bien de todos en general.
Muchas gracias por tu comentario Carmen.