A veces vivimos, especialmente cuando se es joven, como si el momento importante aún estuviera por llegar, pensando que hay tiempo.

La lectura de El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati, me ha hecho volver sobre una idea de José Ortega y Gasset que no pierde vigencia: la vida no está hecha, hay que hacerla.

Ayer he terminado de leer la novela de Dino Buzzati “El desierto de los tártaros”. No recuerdo en donde leí una referencia a esta novela que me generó interés por su lectura. Fui a la biblioteca municipal de mi barrio y allí estaba esperándome. Buzzati nos cuenta la historia de un joven teniente -Giovanni Drogo- que es destinado a la Fortaleza Bastiani, un lugar alejado en un país del que no se menciona el nombre, y que se supone es la defensa de una frontera que puede ser atacada en algún momento por los tártaros. Una fortaleza, un paisaje, un entorno, un transcurrir el tiempo, una guerra casi deseada, y un enemigo que cobran casi tanto protagonismo como el del joven teniente Drogo.

Y he de confesar que el inicio de la lectura no fue especialmente interesante, su lectura no es fácil, pero el libró me atrapó y continué leyéndolo para saber qué es lo que sucedería con la vida del teniente Drogo.

El libro nos relata como el teniente Drogo ve el transcurrir de su vida vinculada a esa fortaleza y a la espera de una posible guerra contra un enemigo que pueda dar sentido a su existencia. Pero los años transcurrirán sin que nada de eso suceda. Una espera que le llevará a no tomar decisiones y, por lo tanto, a no construir de forma activa su vida.

Pues bien, ayer fruto de la casualidad me encontré en un periódico digital con una reflexión a propósito de una frase de Ortega y Gasset que dice “La vida nos es dada, pero no nos es dada hecha”. Es decir, nuestra vida la hemos de construir mediante elecciones y decisiones conscientes. En el fondo todo lo contrario, a lo que hizo el personaje de Buzzati, quien en varios momentos del relato reflexiona pensando que es aún joven y que tiene tiempo.

Cuando desde Senderos de Silencio animamos a los jóvenes que se mueven en esa etapa de la vida tan bonita y decisiva, como es la que va de los 20 a los 30 años, es porque consideramos que es el momento de ir tomando decisiones sobre quien se es y, sobre todo, sobre quien se quiere ser, lo hacemos porque ese tiempo, que parece no tener fin, lo tiene y será decisivo en la construcción de la propia vida.

Vivir es elegir, es asumir errores, rectificar, aprender y avanzar con sentido tomando las riendas de la propia vida. Vivir, y lo he escrito ya muchas veces en este blog, no es esperar a ver que nos da la vida, sino preguntarle a la vida que espera de nosotros.

Quizá el mayor riesgo no sea equivocarse, sino no decidir. Porque la vida no se pierde solo por lo que hacemos mal, sino también por todo aquello que nunca nos atrevimos a hacer. Ese fue el pecado del teniente Drogo.

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