¿Estamos esperando a ver qué pasa con la IA o estamos decidiendo qué vamos a hacer nosotros?

Un titular reciente en el periódico El Confidencial asegura que el 60% de nuestras horas de trabajo son automatizables. La cifra impresiona, pero el verdadero debate no está en el dato, sino en nuestra actitud. Comparto una reflexión sobre por qué es el momento de pasar de la incertidumbre a la acción humana. 

Este post está inspirado en una reflexión que me hizo mi hermano Antonio. Que como casi siempre (lo de casi es para que no se lo crea) estuvo brillante.

Esta mañana una noticia en el digital El confidencial saltaba a la vista con fuerza “El 60% de las horas de trabajo en España son automatizables con IA” En realidad un titular añadido a todo lo que nos viene cayendo en forma de noticias, estudios y demás acerca del impacto de la IA en nuestras vidas profesionales.

El mismo periódico digital recogía días atrás un artículo, del que me hice eco en esta red, y que incidía de manera especial en como la IA estaba dañando el habitual proceso de aprendizaje y de incorporación de experiencia que solía ayudar en el proceso de crecimiento y ascenso en la escalera profesional en cualquier organización.

Sin negar el valor a estos contenidos, sin negar el impacto que la IA (como casi todo cambio/revolución tecnológica que hayamos vivido) va a tener, la permanente retahíla de argumentos sobre el impacto de la IA en el trabajo hace que venga a mi memoria una reflexión que ya hace muchos años se hacía don Julián Marías cuando afirmaba que en España todo el mundo se preguntaba ¿qué va a pasar? Y casi nadie se hacía esta otra pregunta ¿qué vamos a hacer?

Parece evidente que la IA va a impactar en muchos trabajos, pero de manera especial en aquellos a los que podríamos calificar como monótonos, llenos de tareas repetitivas y de escaso valor añadido. Por otro lado, todos conocemos a personas que están hastiadas y cansadas de llevar a cabo trabajos de ese tipo que aportan poco, especialmente a ellos mismos. Y posiblemente haya otros trabajos que aporten más valor pero que también se vayan a ver afectados (de forma total o parcial) por el impacto de la IA.

Pero  y si pasamos de la pregunta del ¿qué va a pasar? a una pregunta que ponga el foco en el ¿qué vamos a hacer? Las personas hemos venido siendo tratadas desde hace ya mucho como recursos en las organizaciones. Y es muy posible que toda esta perspectiva del miedo por el qué va a suceder prolongue ese enfoque de recurso. Es hasta probable que eso interese a los que están al frente de toda esta revolución tecnológica. Si nos percibimos como meros recursos, somos piezas reemplazables en un engranaje; si nos reclamamos como sujetos, la tecnología pasa a estar a nuestro servicio y no al revés.

Y si nos convertimos en sujetos activos eso significa nuevas oportunidades, nuevos entornos de trabajo y nuevas realidades profesionales. Y para ello, la IA puede ayudarnos a pulir ideas, a descartar otras, a desarrollar procesos y entornos nuevos.

Este es el mundo de las personas: pensar, crear, imaginar, innovar, aportar, sugerir, intercambiar, comunicar, dialogar, colaborar, empatizar, confiar.

Hemos de aceptar que la tecnología seguirá avanzando y evolucionando y no hace falta para hacer esta afirmación disponer de una bola mágica. Y es lógico que todo eso nos dé cierto miedo. Es normal, pero no debe paralizarnos. Como seres humanos hemos de trabajar para que nuestra vida siga siendo nuestra.

El miedo a lo que pueda venir podemos estar incubándolo ahora manteniendo una actitud de falta de criterio sobre el presente. En definitiva, en ese ¿qué vamos a hacer? la pregunta más importante que hemos de plantearnos no es lo que puede hacer la IA sino lo que podemos hacer nosotros con esa IA.

Share This