Pasado mañana comienza el mes de agosto. Pese a que muchas personas distribuyen sus vacaciones a lo largo de otros meses, agosto sigue siendo el primus inter pares de los meses para el descanso. Incluso quienes continúan trabajando comprueban cómo el ritmo decrece y todo parece más tranquilo.

En cualquier caso, es tiempo de parar, de cuidarse y de cuidar a quienes nos acompañan. Tiempo para recordar que cada uno de nosotros importa y que, a la vuelta en septiembre, habrá personas atentas a nuestro regreso.

Este período suele ser propicio, también, para proyectar el nuevo curso y hacernos propósitos. Y es aquí donde me gustaría detenerme.

A menudo nos enfrascamos en diseñar grandes metas personales o profesionales, guiados por la inercia de lo que se espera de nosotros. Sin embargo, pensando en esto, recordé una frase de la escritora George Eliot con la que concluye la película Vida oculta, de Terrence Malick:

«…porque el bien creciente del mundo depende en parte de actos no históricos; y que las cosas no nos vayan tan mal a ti y a mí como pudiera haber ocurrido, se debe en parte a aquellos que vivieron fielmente una vida oculta y descansan en tumbas que nadie visita».

Elegir vivir una vida sencilla e incluso discreta, sin buscar esos likes que en el fondo poco aportan; optar por hacer lo correcto cuando nadie mira; cuidar a quienes nos rodean y servir a quien lo necesite… En definitiva, alinearse con el bien y la verdad, con la propia conciencia. Tolstoi diría vivir conforme a Dios y al alma.

Asumir las riendas de nuestra vida desde esa coherencia interna creo que debiera ser el gran propósito de cada uno de nosotros. No solo para la vuelta de vacaciones, sino para cada día.

Es posible que esa fidelidad a lo cotidiano no tenga glamour, pero estoy convencido de que lo que el mundo necesita no es resplandor externo, sino personas dispuestas a liderar su vida con autenticidad, dando frutos que, aunque permanezcan ocultos, cambian de verdad las cosas.

¡Feliz descanso!

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