El liderazgo no es un cargo, es autoliderazgo proyectado hacia los demás. Y su prueba de algodón es muy sencilla: ¿Te seguirías a ti mismo?
Si la respuesta te hace dudar, este artículo es para ti. Analizo tres lecciones de coherencia y ejemplaridad de Atticus Finch que podemos aplicar hoy mismo en nuestra vida personal y profesional.
En el vídeo del pasado martes lanzábamos tres ideas que creo conviene refrescar:
Una definición: El liderazgo es, en esencia, el autoliderazgo que se proyecta hacia los demás.
Una pregunta incómoda: Cuando andamos mareando la perdiz con teorías sobre el éxito, cabe hacerse la pregunta fundamental: ¿Te seguirías a ti mismo?
Un referente: Atticus Finch, el protagonista de “Matar a un ruiseñor”.
Hoy quiero poner el foco en tres ejes del actuar de Atticus Finch. Tres actitudes que no pertenecen a seres mitológicos; están al alcance de cualquiera de nosotros y podemos aplicarlas hoy mismo en nuestro día a día personal y profesional:
- Coherencia interna
Es la necesidad de poder vivir con uno mismo antes de intentar vivir con los demás. No se trata de complacer a una mayoría que no siempre tiene la razón ni la verdad. La presión del entorno es poderosa, sí, pero la pregunta clave es: ¿estás dispuesto a encajar con el resto a riesgo de no poder convivir contigo mismo? >
Como el propio Atticus le decía a su hija Scout “la única cosa que no se rige por la ley de la mayoría es la conciencia de una persona”
- Brújula moral
Consiste en tener principios y valores claros que guíen cada uno de tus pasos, especialmente cuando hay tormenta. Aquí conviene hacernos una pregunta honesta y es si somos de la escuela de Groucho Marx y su famosa atribución de “estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros” En la vida real y honesta que imagino quieres llevar, los principios no tienen recambios según como sople el viento.
- Ejemplaridad
No necesitas un cargo, un despacho grande ni un título rimbombante para que los demás confíen en tu rectitud. La ejemplaridad no se impone; es la consecuencia lógica y el fruto maduro de los dos puntos anteriores.
Una buena forma de calibrar esto es proyectarnos al futuro: cuando pasen los años y mires atrás, ¿sentirás bochorno por haber tomado el camino fácil, o la serenidad de haber hecho lo correcto? Es lo que se preguntaba el soldado Ryan cuando muchos años después visitaba en Normandía la tumba del capitán Miller.
Termino volviendo al origen:
Si hoy te preguntases si te seguirías a ti mismo, ¿cuál sería la respuesta?
De lo que te respondas dependerán tus próximas decisiones. El verano y las vacaciones que se aproximan son el escenario perfecto para regalarse una pensada tranquila, pausada y honesta. Especialmente si la respuesta es un «no».
En Goldman me contaron que tenían una norma antes de escribir un email: «¿Qué tal quedaría en la portada del Financial Times?».
Gran artículo, Emilio.
Muchas gracias Miguel. Lo de Godman parece una buena prueba de algodón. Un abrazo.