El liderazgo no es un cargo, es autoliderazgo proyectado hacia los demás. Y su prueba de algodón es muy sencilla: ¿Te seguirías a ti mismo?

Si la respuesta te hace dudar, este artículo es para ti. Analizo tres lecciones de coherencia y ejemplaridad de Atticus Finch que podemos aplicar hoy mismo en nuestra vida personal y profesional.

En el vídeo del pasado martes lanzábamos tres ideas que creo conviene refrescar:

Una definición: El liderazgo es, en esencia, el autoliderazgo que se proyecta hacia los demás.

Una pregunta incómoda: Cuando andamos mareando la perdiz con teorías sobre el éxito, cabe hacerse la pregunta fundamental: ¿Te seguirías a ti mismo?

Un referente: Atticus Finch, el protagonista de “Matar a un ruiseñor”.

Hoy quiero poner el foco en tres ejes del actuar de Atticus Finch. Tres actitudes que no pertenecen a seres mitológicos; están al alcance de cualquiera de nosotros y podemos aplicarlas hoy mismo en nuestro día a día personal y profesional:

  1. Coherencia interna

Es la necesidad de poder vivir con uno mismo antes de intentar vivir con los demás. No se trata de complacer a una mayoría que no siempre tiene la razón ni la verdad. La presión del entorno es poderosa, sí, pero la pregunta clave es: ¿estás dispuesto a encajar con el resto a riesgo de no poder convivir contigo mismo? >

Como el propio Atticus le decía a su hija Scout “la única cosa que no se rige por la ley de la mayoría es la conciencia de una persona”

  1. Brújula moral

Consiste en tener principios y valores claros que guíen cada uno de tus pasos, especialmente cuando hay tormenta. Aquí conviene hacernos una pregunta honesta y es si somos de la escuela de Groucho Marx y su famosa atribución de  “estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros” En la vida real y honesta que imagino quieres llevar, los principios no tienen recambios según como sople el viento.

  1. Ejemplaridad

No necesitas un cargo, un despacho grande ni un título rimbombante para que los demás confíen en tu rectitud. La ejemplaridad no se impone; es la consecuencia lógica y el fruto maduro de los dos puntos anteriores.

Una buena forma de calibrar esto es proyectarnos al futuro: cuando pasen los años y mires atrás, ¿sentirás bochorno por haber tomado el camino fácil, o la serenidad de haber hecho lo correcto? Es lo que se preguntaba el soldado Ryan cuando muchos años después visitaba en Normandía la tumba del capitán Miller.

Termino volviendo al origen:

Si hoy te preguntases si te seguirías a ti mismo, ¿cuál sería la respuesta?

De lo que te respondas dependerán tus próximas decisiones. El verano y las vacaciones que se aproximan son el escenario perfecto para regalarse una pensada tranquila, pausada y honesta. Especialmente si la respuesta es un «no».

 

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