Carl Sagan dejó escrito que “una pregunta suele ser un clamor por intentar comprender el mundo”. Durante muchos años, en mi cabeza tan solo tenían cabida las respuestas, porque me parecía que eran lo único importante. No recuerdo muy bien en qué momento tomé conciencia de que, tan importantes o más que las respuestas, lo eran las preguntas.

Quizás fuese cuando comencé a indagar en esto del autoliderazgo o liderazgo interior. Fue entonces cuando comprendí lo vital que es preguntar y, especialmente, preguntarnos a nosotros mismos.

Por ello, el tercer pilar del que me gustaría escribir hoy es el que hace referencia a nuestra identidad y al diálogo que debemos mantener con ella. Un diálogo que hemos de construir mediante preguntas; preguntas que nos ayuden a descubrir quiénes somos y quiénes queremos ser. Y no me cansaré de repetirlo: solo podemos liderar aquello que conocemos.

¿Acerca de qué hemos de preguntarnos? Vamos allá:

Nuestras creencias: No me refiero a las religiosas, sino a aquellas que forman un pensamiento en nuestro interior y que, dándolas por verdades absolutas, determinan nuestro modo de actuar.

 

Nuestros principios y valores: Aquellos que guían (o creemos que guían) nuestro comportamiento.

Nuestras emociones: Cómo afectan a nuestra vida diaria y a nuestra inteligencia emocional; es decir, al modo en que nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos.

Trabajemos ahora tres preguntas clave alrededor de tres verbos esenciales: Querer, Saber y Poder.

Querer: Lo que nos motiva, lo que nos mueve. ¿Realmente lo conocemos?

Saber: Averiguar lo que sabemos y lo que aún no sabemos. ¿Mantenemos una mente abierta para seguir aprendiendo?

Poder: ¿Cuáles son nuestras habilidades y fortalezas? ¿Estamos poniendo el foco en ellas o nos estamos empeñando en nuestras debilidades?

Por último, creo que es fundamental preguntarnos con qué tipo de gafas nos estamos mirando: ¿están limpias o llenas de sombras?

Dicho todo esto, es evidente que se plantea la necesidad de un diálogo amplio, potente y nada sencillo, pero sumamente interesante. No es un diálogo de un solo momento, sino de vida, dado que no somos una «foto fija» y con los años esa imagen cambia.

Por tanto, ¿nos hacemos preguntas? Y si lo hacemos, ¿qué tipo de preguntas son? Me resulta curioso leer que debemos hacerle a la Inteligencia Artificial preguntas bien estructuradas para obtener respuestas precisas y, en cambio, pocas veces cuidamos la calidad de las preguntas que nos lanzamos a nosotros mismos.

Concluyo: Preguntarse es dialogar con uno mismo. Es reflexionar, pensar y cuestionar. Si no lo hacemos, sospecho que nunca sabremos quiénes somos realmente, aunque las apariencias nos digan otra cosa. Y lo que es peor, nunca iniciaremos del todo el sendero hacia quién queremos ser.

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