Siempre fui un fan de los comics de Superman. De niño los tebeos, de joven cuando el cine se atrevió con aquel magnífico Cristopher Reeve y la música de John Williams. Y luego, ya en la veteranía de la vida, con el trabajo de Henry Cavill y la magnífica música de Hans Zimmer en El hombre de acero.
Y escribo hoy de esta última película quizás por ser Jueves Santo y recordar esa escena en la que Clark Kent entra en una Iglesia y conversa con un sacerdote. Le explica que es él al que buscan los que han llegado del espacio. Y mientras habla de la posibilidad de entregarse podemos ver detrás una cristalera que refleja a un Jesús de Nazareth en el huerto de los Olivos. Y Kent se pregunta si los humanos son de fiar, si merece la pena entregarse. Cuando se marcha de la Iglesia el sacerdote le dirá que “a veces primero hay que hacer un acto de fe, lo de fiarse viene luego”. En la película, el personaje de Superman confió y se entregó.
Hoy, Jueves Santo, los creyentes recordamos un momento en dónde alguien acepta entregarse y no sé si se preguntaría también si los seres humanos éramos de fiar. En su caso, en aquel momento, los más cercanos, le dejaron tirado. No obstante, parece que entendió que merecía la pena entregarse y que eso significaba seguir confiando en nosotros. Jesús de Nazaret fue aún más allá: no solo confió, sino que amó. Afortunadamente, al menos para mí.
Siempre que veo esa escena y alguna que otra más de la misma película me pregunto por esas curiosas referencias a la fe cristiana. Y me hago preguntas respecto a si somos de fiar, a si merecemos la pena.
Y pienso que sí. Que pese a la cantidad de problemas que muchos generamos, en paralelo otros tantos crean belleza, servicio, entrega, afecto, ayuda, confianza y honestidad. Y todo ello lo aprendimos de quien hace ya miles de años decidió amar y entregarse.
Quizás que nosotros nos amemos, todavía sea un salto demasiado grande. ¿Qué tal si comenzamos sencillamente por confiar?
¡Buena Semana Santa!
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