¿Cómo construir o reconstruir un proyecto vital a largo plazo en un entorno laboral, económico y social que caduca cada mañana? Parece que el mundo que nos rodea nos deja sin aliento y nos arrastra, a la vez que perdemos lo que de verdad somos. Pero no todo está perdido.
En el vídeo que compartí el pasado martes tomaba como referencia la definición de carácter de Richard Sennett en su célebre obra La corrosión del carácter. Para Sennett, el carácter no es solo el conjunto de nuestras cualidades morales; es, fundamentalmente, el aspecto a largo plazo de nuestra experiencia emocional.
Y ahí radica la clave de todo. Llevamos años inmersos en un modelo social impaciente y volcado en lo inmediato. Vivimos en una economía cortoplacista donde planificar a futuro es una utopía, dentro de organizaciones donde la lealtad y el compromiso mutuo se han diluido entre continuas reestructuraciones, fusiones o despidos.
Si el carácter se forja a fuego lento, pero el entorno actual es puramente efímero, nos topamos con una dolorosa contradicción: ¿Cómo construir a largo plazo si todo lo que nos rodea caduca mañana?
El choque de dos éticas: Covey entra en escena
Para entender el impacto de esta desconexión, vale la pena rescatar Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva de Stephen Covey. En su libro, Covey plantea una distinción crucial entre dos modelos:
La ética del carácter: Se fundamenta en principios y valores profundos (justicia, integridad, honestidad, paciencia, etc.). Es una ética que va de dentro hacia fuera, no se construye de la noche a la mañana; exige tiempo, trabajo e integración.
La ética de la personalidad: Es cortoplacista. Se basa en técnicas de relaciones públicas y soluciones rápidas para influir en los demás y lograr reconocimiento social (lo que hoy llamaríamos acumular likes a tutiplén). Pone el foco en el parecer antes que en el ser, priorizando lo secundario sobre lo esencial.
Mi sospecha es que la impaciencia económica, social y la desaparición de los vínculos duraderos han acelerado, precisamente, esa «corrosión» de la que hablaba Sennett, provocando que la ética del carácter sea devorada de forma progresiva por la ética de la personalidad.
Las consecuencias en el entorno laboral
Esta sustitución explica, en gran parte, los preocupantes datos actuales sobre entornos corporativos: el crecimiento del estrés, la insatisfacción, la ira y la alarmante falta de compromiso, incluso en los mandos intermedios. En un sistema que corre demasiado deprisa, se ha favorecido una ética de la personalidad que genera mucho ruido en la superficie, mientras bajo ella el tejido humano se desmorona.
Del mismo modo, quizás todo esto aclara la perspectiva de las nuevas generaciones respecto al trabajo. Al haber desaparecido casi por completo la posibilidad de trazar un proyecto vital y profesional a largo plazo, la pregunta es inevitable: Entonces, ¿qué se puede construir?
Una conclusión para dos generaciones
En definitiva, debemos comprender que el carácter no se repara ni se construye en medio de las prisas y el ruido, sino en la intimidad y en la pausa. Por eso, mi mensaje de hoy se divide en dos:
Si eres veterano: Recuerda que el carácter se reconstruye sobre principios. Es la única manera de volver a brillar desde la esencia y no desde la apariencia. Regresa a la intimidad, al silencio y a la pausa; allí es donde reside tu valor real, no en el último cambio de organigrama o en la última técnica de seminario lleno de “claves”
Si eres joven: La única manera de evitar ser arrastrado por estos tiempos de volatilidad e incertidumbre es construir tus propios cimientos sobre principios firmes. Como bien decía Montaigne: «Si no es posible regir los acontecimientos, sí es posible gobernarse a uno mismo».
Ahora se va y se vive, dia a dia !!!
Así es Xavier. Vivimos día a día, pero no vivimos el presente. Es una enorme paradoja. Muchas gracias por paciencia al leer e incluso al comentar. Un abrazo.
En el fondo y salvo en algunas situaciones muy específicas, está claro lo que hay que hacer: no robarás, no matarás, no mentirás… Lo que falta es carácter para hacerlo. Buena reflexión, Emilio.