Parece que últimamente el concepto de autoliderazgo está en boca de todos. Abundan los libros y los «gurús» que tratan el tema como una novedad editorial. Sin embargo, para mí, este es un camino que comenzó hace mucho tiempo.
Desde el año 2012, cuando empecé a impartir clases en el Máster de Consultoría de la UPM, he profundizado en esta idea. No he escrito un libro (aún), ni busco la fama de los estantes de novedades, pero sí he dedicado más de una década a entender qué significa realmente liderarse a uno mismo.
Para muchos, el autoliderazgo es sinónimo de gestión del tiempo, eficiencia y productividad. Desde mi perspectiva, eso (sin minusvalorarlo) es quedarse en la superficie. Yo prefiero hablar incluso de liderazgo interior: un concepto mucho más amplio y profundo que abarca cómo dirigimos la totalidad de nuestra existencia.
Para mí, el autoliderazgo se define en cuatro ejes fundamentales:
- Conocimiento propio: Aproximarse a la realidad de quiénes somos, pero también atisbar quiénes podríamos y querríamos ser.
- Plenitud y desapego: Vivir los dones recibidos con intensidad, sin dejar que nuestro ego se convierta en su esclavo.
- Responsabilidad consciente: Ser dueños de nuestras elecciones y hacernos cargo de la vida —personal y profesional— que estamos construyendo.
- Soberanía vital: Tomar las riendas de nuestra propia historia para evitar terminar viviendo la vida de otros.
Los cuatro pilares del diálogo interior
¿Cómo construir ese Autoliderazgo? No es un proceso espontáneo; requiere un diálogo fructífero y constante con cuatro pilares que sustentan nuestra vida. En este diálogo, nuestro talento actúa como un elemento fundamental:
- La lectura del entorno: No es estar informado, es «saber leer» los tiempos. Nuestro talento se despliega en un contexto social y económico concreto; comprenderlo requiere un pensamiento crítico afilado.
- El autocuidado integral: Atender las cuatro dimensiones que nos hacen humanos: la física, la espiritual, la intelectual y la social.
- La identidad en evolución: Descubrir quiénes somos y quiénes queremos ser. Solo podemos liderar aquello que conocemos de verdad.
- La arquitectura de nuestra vida: Salir de nosotros mismos para preguntar a la vida qué espera de nosotros y descubrir dónde nuestra contribución será más valiosa.
Voy terminando. Solo cuando mantenemos un diálogo fecundo con estos cuatro pilares estamos en condiciones de plantearnos una pregunta mayor: ¿Somos las personas adecuadas para liderar a otros? El liderazgo hacia fuera es, en realidad, un excedente de un buen liderazgo interior.
En las próximas semanas, dedicaré un post a desgranar cada uno de estos pilares y, finalmente, reflexionaremos sobre lo que implica liderar a los demás.
¿Es difícil? Sin duda. Pero ¿conoces un reto más importante y con más belleza que el de ser dueño de tu propio destino? Yo creo que merece la pena.
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