¿Y si el final de las vacaciones no fuese el final de nada, sino el comienzo de otra forma de mirar a la vida? El domingo 31 de agosto es para la gran mayoría el fin de un tiempo que tanto se deseó y que parece haber pasado volando.

Las televisiones nos mostrarán de nuevo a personas cargando de maletas sus coches o esperando pacientemente en alguna estación o aeropuerto para volver a casa. Caras compungidas, la clara demostración de que la vuelta no es algo que apetezca; las preguntas y las respuestas habituales con media sonrisa (hasta el año que viene); la entrevista al psicólogo o psicóloga de turno que nos informará de las razones acerca de porqué respondemos de esa manera al fin de las vacaciones y nos apetece tan poco la vuelta al trabajo y a la rutina, y como poner remedio a semejante desazón, etc.

En fin, todos los años la misma cantinela.

Pues verán, el otro día me encontré con lo que aparece en la foto. Estaba a la entrada de una pequeña finca en un pueblo del norte de España. Y como yo andaba también un poco con esa ñoñería del fin de las vacaciones, pararme a ver esa especie de mosaico de propuestas fue toda una sorpresa.

A veces basta detenerse ante un simple cartel, en un rincón cualquiera, para recordar que la vida se puede vivir con una mirada diferente: la de la gratitud, la de la calma, la de poner el foco en lo verdaderamente esencial, la de todo aquello que nos hace profundamente humanos.

Y no puedo afirmar de forma categórica que cumpliendo todas esas recomendaciones pueda decir que llegue a ser plenamente feliz y acabe amando un montón como recomienda la última tablilla. Y créanme, no es el típico pensamiento bobalicón y puramente emocional. Le he dado unas cuántas vueltas a lo que sale en la imagen y llegué a la conclusión plenamente racional de que lo allí escrito tenía mucho sentido. Y nada de eso significa, ni mucho menos, que se acabaron los problemas o que todo es maravilloso. Lo que sí es cierto es que hoy, ahora, hay en mi mucha más paz interior de la que había antes de leerlas.

Y sobre eso de la paz interior escribiré otro día, que me parece un tema interesante.

Buena semana y buena vuelta.

 

 

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