Hace muchos años volviendo a casa al salir de la Universidad, caminando por la calle Princesa, me paró un equipo de la Televisión española para entrevistarme. Nunca me había sucedido algo así. Eran de un programa que se llamaba “Un mundo para ellos” que se emitía de lunes a viernes por la tarde en el primer canal de TVE, presentado por el periodista Santiago Vázquez y cuya sintonía de cabecera era la canción “Chiquitita” de ABBA . Yo creo que esto debió ser en el año 1980. Uf, ya hace mucho de eso. Me preguntaron entonces respecto a lo que opinaba del mundo que nos habían dejado nuestros mayores. Y recuerdo que mi respuesta fue que ese mundo era el que era y, que bueno o malo, nos tocaba a nosotros los jóvenes mejorarlo y no dedicar tiempo a reprochar a nuestros mayores respecto a lo que nos estaban dejando en herencia. Cuando luego salí en televisión, mi madre (muy orgullosa de ver a su hijo pequeño en la tele) me dijo que le pareció una respuesta razonable y comedida.
Y es ahora, cuando yo comienzo a formar parte de esa “nueva generación” de mayores que va dejando una herencia a los más jóvenes, que me pregunto el modo en el que nos ven y el modo en el que ven el mundo que están heredando.
Permitidme, aquellos que seáis jóvenes y que dediquéis un poco de vuestro valioso tiempo a leer estas líneas, que os traslade algunas reflexiones que espero os sean de utilidad y que están escritas sin ningún afán de sentar cátedra.
Y veréis que efectivamente es un mundo que ha cambiado y sigue cambiando cada día. Y no son cambios pequeños. La tecnología ha impactado y sigue impactando hasta en los aspectos más cotidianos de nuestra existencia modificando comportamientos y hasta relaciones. Ahora vivimos en un mundo que se denomina global en el que cuando una mariposa agita sus alas allá a lo lejos, puede que nosotros recibamos un golpe de viento. Un mundo en el que la demografía ha cambiado y eso nos afecta y seguirá afectándonos a todos de modos y maneras que algunos comienzan a vislumbrar con bastante lucidez y no parece que las cosas vayan a pintar muy bien. Un mundo en el que la sociedad ha cambiado en términos de las relaciones sociales, en el que el papel de hombres y mujeres es bastante diferente al que era hace unos pocos años. Un mundo, en definitiva, preocupado por eso que se ha denominado su sostenibilidad y la búsqueda de un mayor equilibrio y armonía entre ser humano y naturaleza. Y todos esos cambios han afectado a nuestro modo de vivir, sentir, relacionarnos, mirarnos y hasta de trabajar.
Surge, entonces, una pregunta interesante. ¿Qué hacer ante todo ello?, ¿cuál ha de ser la mirada y la actitud de los que hoy sois jóvenes hacia ese mundo que tanto cambia?
Pues yo os diría que lo miraseis, aún con todas sus carencias, con ternura y hasta con benevolencia, pero sin renunciar a una mirada crítica.
Que no lo miréis de forma pasiva, en la que primen solo los reproches y una preocupación exclusiva por “vuestros asuntos”
Que os preguntéis por todo lo que esos cambios van a exigir de cada uno de vosotros. Eso, que en Senderos de Silencio llamamos Autoliderazgo, no es más que el viaje de averiguar primero quién eres y quien quieres ser… Es la capacidad de tomar las riendas de la propia vida y no vivir la vida de otros. Y todo ello siempre desde una mirada serena y con el foco puesto en como aportar y contribuir a mejorar cada uno, lo que hay y lo que os rodea.
Que vuestra mirada, pese a las dificultades de la vida, sea consciente de que tiene por delante todo un itinerario posiblemente lleno de belleza.
No olvidéis que todos vuestros actos tienen consecuencias, incluso los aparentemente más pequeños e insignificantes, y que lo bueno llama a lo bueno y lo malo llama a lo malo.
Recordad que antes de intentar comprender el mundo deberéis comprenderos a vosotros mismos, porque vuestra primera verdad habrá de ser con vosotros mismos. Habréis de ser los artífices de vuestra propia historia y eso solo se logra cuando te responsabilizas de tu talento y de tu vida.
Y termino recordando parte de lo que hace ya muchos años escribió Marianne Williamson y es que “cuando dejamos que brille nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a los demás para que hagan lo mismo”. Y esto, me parece a mí, es una magnífica manera de mejorar esa “herencia” que vais a recibir.
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