Hace ya unos cuántos años, creo que estaba en lo que entonces se llamaba BUP, algo equivalente al Bachiller de hoy, en una clase se nos propuso hacer un trabajo de tipo publicitario o de creación de un eslogan, había cierta libertad para ello.
Mi compañero Carlos hizo algo que a mí me pareció una genialidad. Escribió la palabra pensar dentro de un marco rectangular, pero sin calcular bien el tamaño que debían tener las letras. De modo que las cuatro primeras fueron grandes e iguales, pero las dos últimas tuvieron que ser más pequeñas para ajustarse al espacio que previamente había definido. Carlos lo bordó con aquella imagen que creó y de la que acompaño una recreación hecha por mi mismo. Logró el objetivo al mirar la imagen: pensar.
Y recordé este trabajo de mi compañero por la sensación que tengo de que hoy en día vivimos un poco en automático y aceptando sin rechistar muchas cosas, ideas y conceptos sin más. En definitiva, sin pensar.
Y es curioso porque nunca como hoy se habla y se escribe tanto del pensamiento crítico. Lo cierto es que a mí me gusta hablar simplemente de pensar y ello porque en nuestro diccionario se define el pensar como formar o combinar juicios o ideas en la mente y también como examinar mentalmente algo con atención para formar un juicio.
Si se busca por diferentes fuentes lo que se entiende por pensamiento crítico nos encontraremos con diversas definiciones que básicamente expresan que es observar, analizar, cuestionar y preguntarse acerca de la información antes de aceptarla sin más, para poder tomar así una decisión propia y no aceptar sin más lo que con tanta frecuencia se nos presenta ante nuestros sentidos y nuestro intelecto. Es decir, lo que toda la vida ha sido construir y disponer de criterio propio.
Decía con anterioridad que vivimos un poco en automático fruto todo ello de estar hiperconectados y saturados de información desde multitud de fuentes (infoxicación). Tiempos también en los que la manipulación, la desinformación y demás campan a su aire y, a veces, con notable éxito. Y muchas personas acaban entrando en una dinámica que consiste en aceptar informaciones sin hacer un necesario ejercicio de reflexión acerca de si lo que se propone, es razonable, coherente y veraz. Demasiadas veces se acepta y se admite como verdadero lo que puede que no lo sea.
Vivimos una vida con demasiado ruido a nuestro alrededor y ese ruido, además, ha conseguido entrar en nuestro interior dificultando, y mucho, la posibilidad de pararse a pensar, a reflexionar sobre lo que vivimos, escuchamos, leemos o nos cuentan. Así pues, además de con el ruido exterior ahora hemos de lidiar con el ruido interior, generando todo ello confusión en nuestro día a día.
Desde estas páginas hemos escrito muchas veces acerca de la importancia de parar, reflexionar, discernir, hacerse preguntas y todo ello desde el convencimiento de que de no hacerlo así corremos el riesgo de acabar como aquellos personajes de Huxley a los que se les daba un poquito de “soma” y con eso ya era suficiente.
Para hacer del mundo un lugar mejor —y para ser también mejores nosotros— necesitamos comprenderlo y comprendernos. Y es que como seres humanos (lo más asombroso de la creación) hemos de desplegar esa cualidad única que nos define: ser capaces de pensar y reflexionar.
Hemos de ser capaces de pensar, de preguntarnos, de cuestionar lo que hay a nuestro alrededor con una apariencia muchas veces verdadera, pero que no lo es. Decía Covey que tenemos autoconciencia y eso nos permite reflexionar respecto a nosotros mismos; que tenemos conciencia moral y eso nos permite comparar los principios que decimos tener con nuestras acciones; y que teníamos voluntad independiente y ello nos permitía actuar conforme a nuestra conciencia, en libertad.
Y quizás la mejor manera de empezar sea esta: detenernos un momento y atrevernos a pensar por nosotros mismos. Eso, es ser libres.

Estimado Emilio. Tal vez como nunca antes, ésta es una reflexión pertinente, necesaria y, sobre todo, urgente de hacer. Sin discernimiento, caemos en el riesgo de no solo perder la libertad sino de perder la humanidad para no ser mas que otra IA ambulante. Saludos y gracias por permitir este momento de pensar en cosas trascendentes.
Estimado Emilio:
Tienes el don de poner el dedo en la llaga. En estos tiempos de tanto ruido y distracción, me has recordado que la libertad no se regala; es un bien escaso, producto del pensamiento crítico y un proceso de reflexión. Es así que podemos forjar un criterio humano sólido para guiar nuestras acciones. Si prescindimos de él, corremos el riesgo de perder el rumbo. Un abrazo
Querido Carlos: gracias por tu comentario. No perdamos el rumbo, sigamos realizando el esfuerzo de pensar y reflexionar. No dejemos de ser libres.
Y muchas gracias por ser el inspirador de este post.
Un fuerte abrazo.
Estimado Arnaldo:
Si dejamos de pensar y pasamos a formar parte de rebaños a los que dirigen perderemos lo que nos hace únicos, ser capaces de pensar para elegir y actuar con libertad. Gracias por tu comentario.