Creo que es en la película El Hobbit que Gandalf hace la siguiente reflexión “Saruman opina que solo un gran poder puede contener el mal, pero lo que yo he aprendido es que es en los detalles cotidianos, en los gestos de la gente corriente donde se mantiene al mal a raya, en los actos sencillos de amor” Y esa reflexión de Gandalf se ha quedado en mi cabeza y en mi corazón desde que me tropecé con ella por primera vez. Y fue que entendí por qué unos personajes medianos y aparentemente poco fuertes (hobbits) fueron los responsables de derrotar al mal en la obra de Tolkien. Eran personajes con una vida sencilla, cercana, de cuidarse, de compartir, de divertirse, de disfrutar con alegría de las cosas cotidianas. Eran personajes que vivían en medio de actos sencillos de amor.

Y en nuestro mundo de personas adultas vivimos muchas veces poniendo nuestra atención en la cantidad de cosas malas que suceden cerca o lejos de nosotros. Y tengo para mí que entre los “adultos” hay muchos comportamientos muy parecidos a los de esos medianos.

Actos de cercanía, de bondad, de generosidad, de amor. Actos que no salen en los papeles, ni en las noticias y que incluso, con demasiada frecuencia, nos parecen banales y sin importancia. Y, sin embargo, tengo la certeza que son esos actos los que sostienen este mundo, los que evitan que nos vayamos a la mierda.

Actos y comportamientos que se dan el supermercado, en el metro, en el trabajo, en muchos lugares. Quizás nos pasan desapercibidos, pero nos están salvando del mal y de hundirnos cada día más en el pesimismo y la desesperanza.

Así que, si tú eres de los que llevan a cabo ese tipo de actos cotidianos, sencillos y de amor. Si tú eres un “mediano”, por favor, no pares. Te necesitamos.

 

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