En las escenas finales de la película La lista de Schindler podemos asistir a un diálogo entre los protagonistas que en las ocasiones anteriores en que ya había visto la película, me había parecido emocionante pero no me había hecho pensar más allá. Desconozco la razón por la que la última vez que he visto esa escena ya no solo me ha emocionado, sino que en cierto modo me ha conmocionado.

La guerra se está acabando, los soldados alemanes se han marchado de la fábrica y Schindler se está despidiendo de los trabajadores-prisioneros que han conseguido salvar su vida gracias a él. Y justo después de que Stern le diga que la inscripción del anillo que le acaban de regalar es de la Torá y significa “quien salva una vida salva al mundo”, Schindler reflexiona y comienza a reprocharse sobre las cosas que hizo o dejó de hacer y que hubieran podido salvar más vidas. Stern le insistirá en que generaciones enteras vivirán gracias a lo que él ha hecho. Aun así, algo parece decirle en su conciencia que no hizo lo suficiente.

Algo en el interior de Schindler le lleva a pedir en público perdón a los que no pudo salvar y ya no están, y a pedir perdón a los que si salvó y están allí despidiéndose de él.

Visto desde fuera, tanto Schindler como Irena Sendler, Nicholas Winton, Sanz Briz y tantos otros anónimos, hicieron lo que pudieron para salvar vidas en un período oscuro de la nuestra historia. Y como dice la Torá, en el fondo, salvaron al mundo.

No obstante, ¿Cómo interpretar ese comportamiento de Schindler?, ¿era lógico que pudiese pensar de esa manera? Quizás fuera todo fruto de ese cierto sesgo de negatividad que solemos tener los seres humanos y que hace que casi siempre veamos más el lado malo de las cosas y de la realidad.

¿De qué manera nos enseña esa escena algo en nuestro mundo de hoy? La verdad es que no lo sé, no lo tengo claro. La única certeza es que en esa escena me parece que hay mucha tela que cortar y yo ni siquiera he cogido las tijeras. Quizás algún desocupado lector pueda darme alguna pista.

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